MICROBIOTA, DEPORTE Y ALIMENTACIÓN, EL CÍRCULO VIRTUOSO DE LA SALUD

Por: Rubí Maldonado

Con la llegada de más enfermedades al mundo, estamos siendo más conscientes del papel de la salud en nuestras vidas; más aún de la importancia del bienestar intestinal, mismo que demanda tener un correcto equilibrio con todas las bacterias y microorganismos que habitan en nuestro intestino, lo que en conjunto, se conoce como microbiota.

De hecho, se sabe que la dieta está relacionada con la variación en la composición de la microbiota intestinal, pero lo que supone una reciente novedad es el conocimiento de que el deporte aumenta la diversidad bacteriana intestinal y favorece el desarrollo de reacciones beneficiosas.

En contra parte, la suspensión total de la actividad física puede traer como consecuencia un desequilibrio de la microbiota intestinal, mejor conocido como disbiosis.

Aunque los estudios sobre el deporte y la microbiota intestinal aún se encuentran en sus inicios, algunos de estos ya van definiendo la relación benéfica entre ambos. Por ejemplo, un estudio reciente del American Gut Project comparó el perfil bacteriano fecal de los jugadores de rugby de élite con sujetos sanos que no son atletas, en el estudio se mostró que los atletas tenían niveles más bajos de bacteroidetes (bacterias adelgazantes) y mayores cantidades de firmicutes (relacionadas a la obesidad) que los deportistas.

Con estos estudios se llegó a la conclusión de que el aumento de la frecuencia moderada de ejercicio, de no hacer nunca actividad a realizarla a diario, causa una mayor diversidad de bacterias que contribuyen a un ambiente intestinal más saludable.

De hecho, se mantiene una curiosa hipótesis de un eje intestino-músculo que se comunica entre sí, es decir, mientras que la microbiota intestinal influiría en la salud muscular, el ejercicio físico modularía la composición de la microbiota.

También, se indica que el sistema inmune podría ser parte de este eje y desempeñar un papel clave en la salud de los músculos  especialmente en personas activas.

Estos mismos estudios observacionales también arrojan una recomendación bastante peculiar, y es que los especialistas señalan que, si bien, es importante incluir una actividad física en tu rutina diaria, también existe un peligro inverso, pues un entrenamiento demasiado intenso y desproporcionado también puede provocar disbiosis, misma que podría explicarse con el dolor abdominal, las náuseas y la diarrea que experimentan algunas personas tras un esfuerzo extremo.

Pero entonces ¿cómo puede el ejercicio tener una influencia sobre la microbiota intestinal? De acuerdo a la información que estos primeros estudios arrojan, existen distintos mecanismos por los cuales la práctica de actividad física puede influir en los microorganismos.

  • Se ha demostrado que el ejercicio produce cambios en la expresión de los genes en células inmunes, lo que incrementa factores anti-inflamatorios y proteínas con actividad antioxidante.
  • El ejercicio mantiene la integridad del tejido mucoso que recubre el intestino, lo cual es muy importante para mantener las bacterias adheridas al epitelio intestinal.
  • La práctica de ejercicio regular funciona como un estresor del intestino que estimula adaptaciones beneficiosas y mejora la barrera intestinal.
  • Provoca un aumento del flujo metabólico e implica la contracción de diversos músculos. Esta contracción estimula la producción de distintos metabolitos y hormonas que pueden interactuar con el intestino.

Se espera que, a futuro, nuevas investigaciones permitan entender más a profundidad la implicación que tienen los cambios en la microbiota en relación a la práctica de ejercicio, además de  predecir el rendimiento y detectar posibles trastornos antes que las herramientas de diagnóstico convencionales.

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